Bibliotecas en zonas de conflicto

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A pesar de sus condiciones precarias, algunas bibliotecas hacen un trabajo titánico por sus comunidades. Al no tener presupuesto para la infraestructura deciden apostar los sistemas de lectura, es decir, los lectores. Un ejemplo de estas es la red de Bibliotecas Públicas Móviles de Colombia.

Este programa, bautizado como Bibliotecas Móviles por la Paz por el gobierno anterior, está conformado por veinte estructuras modulares que combinan las estanterías con libros y los dispositivos tecnológicos. Cada uno de estos pequeños espacios ha sido instalado en puntos clave del país para alfabetizar e iniciar la reconciliación en comunidades especialmente afectadas por la guerra.

El proyecto es dirigido por Consuelo Gaitán. A partir de este modelo pop up surgió otra biblioteca móvil: la Muloteca Viajera de Víctor Solís Camacho, que transporta dos grandes cajones con libros, juegos, tecnología y materiales para manualidades.

Las estadísticas favorecen, con el tiempo, a estas iniciativas. En las zonas donde sube la alfabetización baja la criminalidad y el conflicto. Asimismo, los adultos encuentran espacios seguros para el dialogo y los niños descubren futuros alternos y más fructíferos, como ingresar a la universidad.

En Honduras, específicamente en el departamento de Lempira, circulan doscientas mochilas viajeras, que parten de veintitrés bibliotecas escolares y dos bibliotecas públicas. Estas mochilas han revolucionado el horizonte de expectativas de la infancia, animando a los niños a leer y a crear sus propios textos. El éxito ha sido tan grande que ya se está tramitando una propuesta en el congreso para imitar este modelo en todo el país.