El deseo de sobrevivir en estos tiempos

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Expectativas de una editorial joven frente a una crisis inevitable

Por Juan Miguel Marthans

Ángela Arce y Gabriel Arriaga están al frente de Colmillo Blanco desde el 2017.

En los últimos años, en el Perú han aparecido varias editoriales con diversas propuestas. Esta multiplicidad manifestaba que el mercado estaba creciendo o por lo menos daba esperanza, lo que animaba a jóvenes editores a aventurarse en proyectos propios. Colmillo Blanco es una de ellas. El nombre remite a los ochentas y al trabajo de Jorge Eslava como editor, y desde el 2017 Ángela Arce y Gabriel Arriaga tomaron las riendas para el relanzamiento de este entrañable sello que, en su momento, supo poner en mano de sus lectores títulos que se volvieron imprescindibles.

Hoy, la llegada de la crisis debida al COVID-19 ha afectado de diferentes maneras a las editoriales. Las más grandes, con problemas por sus elevados costos fijos, pero con mayor capital para afrontar la crisis; y las más pequeñas, con casi todos sus costos variables, pero sin capital para enfrentar esta situación. Dos panoramas distintos que, se espera, puedan tomar vuelo nuevamente de forma rápida.

Ángela y Gabriel respondieron algunas preguntas para saber cómo percibían, desde su posición, la llegada de un futuro incierto debido a la crisis por el COVID-19 y qué acciones han tomado.

¿Cómo creen que les afecte a mediano plazo la llegada de esta crisis del covid-19?

En Colmillo Blanco tenemos claro que nuestro compromiso como editorial es con nuestros autores y lectores. Respecto a los primeros, la consecuencia inmediata es la imposibilidad de llevar a cabo la presentación de los títulos que teníamos programados para este año como consecuencia de las medidas adoptadas por el gobierno frente al avance del COVID-19. En relación a las personas que siguen nuestro trabajo, nos enfrentamos a un segundo escenario complejo: cómo hacer que nuestros libros lleguen hasta sus casas. Además, teniendo en consideración que las librerías permanecen cerradas, lo que significará un golpe económico muy fuerte para estas, nos preguntamos: ¿son estos espacios los más adecuados para la venta de nuestra producción editorial?

¿Cuál ha sido la primera medida que han tomado para atender los problemas a corto plazo?

Lo primero que se ha buscado es no perder esa conexión tan importante entre editorial y lector. Es así que hemos encontrado en Internet, y en específico en las redes sociales, una plataforma para mantener vivo ese vínculo. Por ejemplo, decidimos poner al alcance y de forma gratuita el libro de cuentos Breves paseos por Marte, de José de la Peña, y un par de capítulos de Los niños del séptimo piso, de Camila Cantuarias. Asimismo, de forma periódica, se ha elaborado entrevistas, lecturas de poemas y recomendaciones de nuestros autores desde nuestro Facebook e Instagram. Mientras tanto, venimos trabajando en la digitalización de algunos de nuestros títulos y preparando clubes de lectura con el apoyo de librerías.

En cuanto a la transformación de la FIL Lima a un formato virtual, ¿crees que atienda de cierta manera las expectativas que ustedes tenían puestas en ella?

Un «no» rotundo sería asumir una postura pesimista, pero mientras solo existan buenas intenciones y no medidas concretas para llevar a cabo la feria virtual, las expectativas sobre su realización seguirán siendo muy bajas. En el caso de Colmillo Blanco, uno de los objetivos que teníamos para este año era concretar nuestra primera participación en la Feria Internacional del Libro de Lima. Por lo que la transformación a este nuevo formato no coincide con los objetivos que teníamos previstos. Solo por poner dos ejemplos: contábamos con la participación del Premio Nacional de Literatura de Malta, que llegaba para presentar su libro Troyano; y con la visita de uno de nuestros autores internacionales, el chileno Eduardo Plaza, quien venía acompañado de una pequeña delegación para llevar a cabo mesas y conversatorios en el marco de la feria. La no realización de la FIL 2020 ha generado que ambas visitas queden canceladas o, en el mejor de los casos, postergadas. ¿El lado positivo? La posibilidad de competir en igualdad de condiciones entre todas las editoriales, sin vernos ensombrecidas por las trasnacionales o grandes librerías.

Colmillo Blanco en el stand de La Independiente de la FIL Lima.

¿Creen que estos cambios que se están dando podrían reforzar la relación lector-editor, reduciéndole el campo de acción a intermediarios?

Las librerías, específicamente aquellas que son puntuales en sus reportes y pagos, han sido nuestras aliadas durante el tiempo que llevamos en el mercado; por lo que sería impensado desligarnos de estas. Lo que necesitamos, en todo caso, tanto editoriales como libreros, es reinventarnos. Hace unos días, Book Vivant nos hizo llegar una propuesta bastante interesante: llevar a cabo un club de lectura sobre uno de nuestros títulos. Lo que ellos ofrecen a los lectores, a partir de un pago determinado, es que el libro llegue hasta sus casas, además de la posibilidad de conversar con la autora, el editor y gente interesada en la publicación.

Eso no quiere decir que no vayamos a poner en marcha otras estrategias. Desde hace un tiempo, en Colmillo ya venimos trabajando las ventas directas, pero este canal todavía debe tener muchas mejoras, desde la entrega hasta las opciones de pago. La actual situación, sin duda, nos obliga a poner en marcha cuanto antes este canal de ventas.

Algunos títulos de Colmillo Blanco en la librería Book Vivant.

El Gobierno aún no se ha manifestado acerca de un plan de acción para reducir el impacto de esta crisis en el sector cultural. ¿Qué medidas creen que deberían ser tomadas para el sector editorial, específicamente? 

Lo primero que el sector editorial debería buscar es mantener ciertas políticas y presupuestos destinados por el Gobierno en el 2019. Entre estas se destacan la feria La Independiente, que es una vitrina importante para todas las editoriales del país; habría que pensar cómo llevarla a cabo bajo este nuevo escenario. Asimismo, se debe ejecutar el presupuesto destinado para los Estímulos Económicos para la Cultura, un concurso que nos permite a las editoriales la publicación o la reedición de libros valiosos para el país.

A eso habría que sumar medidas como la compra pública de libros, lo que podría aliviar de alguna manera a las editoriales independientes. Se sabe que existe una partida de 16 millones de soles para llevar a cabo la Encuesta Nacional de Lectura, pero bajo estas circunstancias habría que evaluar su prioridad; desde mi perspectiva, se podría pensar en destinar parte de este fondo.