Ida Vitale obtiene el premio Cervantes

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De manos del rey Felipe, la poeta urguaya recibirá el galardón más importante de la lengua española, el Premio Cervantes 2019. La ceremonia será el 23 de abril en el Paraninfo de la universidad Alcalá de Henares. De acuerdo a la artista, le hubiera gustado recibirlo hace diez años, porque “es abrumadora tanta responsabilidad”.

Ida creció en una casa rodeada de libros en Montevideo. Algunos los tenía prohibidos, entre ellos los de Cervantes. Según ella, descubrió al escritor muy tarde, cuando ya estaba en el liceo (escuela secundaria en Uruguay). Fue leyendo Don Quijote de a pocos, un capítulo cada cierto tiempo, hasta que descubrió que era “el libro de [su] vida”. A partir de entonces empezó a buscar a todos los Quijotes y los Sanchos que pudo. Su afición por el libro más famoso de Cervantes  se convirtió “casi en un tratado de psicología precoz para elegir a la gente, a los amigos”. Está convencida que el Quijote debería leerse en la escuela porque es “un breviario para la vida”.

Ida Vitale tiene 95 años. Colaboró en el semanario Marcha y dirigió el suplemento literario Época. Perteneció al movimiento artístico denominado la Generación del 45, que pertenecía a la vanguardia latinoamericana de la época. Además del premio mencionado, ha sido galardonada con el premio Octavio Paz (2009), el Alfonso Reyes (2014), el Reina Sofía (2015), el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca (2016), el Premio Max Jacob (2017) y el premio FIL de Literatura en Lenguas Romances de la Feria del Libro de Guadalajara del 2018. Su obra se caracteriza por poemas cortos, una búsqueda del sentido de las palabras y el uso de recursos metaliterarios. Se casó con el crítico literario Ángel Rama en 1950, con quien tuvo dos hijos.

A continuación les presentamos uno de los poemas de la nueva ganadora del Premio Cervantes del 2019.  

Misterios

Alguien abre una puerta
y recibe el amor
en carne viva.
Alguien dormido a ciegas,
a sordas, a sabiendas,
encuentra entre su sueño,
centelleante,
un signo rastreado en vano
en la vigilia.
Entre desconocidas calles iba,
bajo cielos de luz inesperada.
Miró, vio el mar
y tuvo a quién mostrarlo.
Esperábamos algo:
y bajó la alegría,
como una escala prevenida.