¿INDEPENDIENTE, POR QUÉ?

¿INDEPENDIENTE, POR QUÉ?

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Entrevista por Óscar Tejada

La editorial independiente Animal de Invierno ha publicado más de 32 títulos en poco más de cuatro años. Leonardo Dolores, editor y fundador, cree —como siempre lo hizo— que un cambio cultural se puede dar a través de la lectura.

Desde la elección de su nombre y logotipo, esa misma idea se deja sentir también en cada título o portada que, como las garras de un animal invernal, inscriben en cada libro una sensación de rudeza y de constante lucha. Esa quizá sea el alma de independiente que siempre llevan consigo.

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¿Cómo se sienten con el rótulo de independiente?

Estamos conformes con ese término, siempre hay un espíritu punk en todo lo que hacemos; lo genial de esto, más allá de las finanzas, es la libertad que tenemos de manejar propuestas que están totalmente fuera del mercado y las que están del lado de una planificación más estratégica. La migración de autores a otras editoriales con mayor alcance podría señalarse como otra dificultad.

¿Cómo crees que una editorial independiente deba enfrentar esta situación?

Es algo que siempre puede ocurrir. A nosotros nos ha sucedido con algunos autores y no por eso hemos perdido la amistad. Pero esto no es algo extraño, las trasnacionales siempre tratan de buscar tendencias y muchas veces las encuentran en las pequeñas editoriales. En este momento, Penguin Random House y Planeta están en un punto de exploración, están emocionados y publicando a varios escritores; pero este furor va a tener que asentarse un poco, y seguramente habrá escritores que regresen a las editoriales independientes. Pero más allá de eso, creemos que un escritor tiene todo el derecho de buscar el lugar donde crea que le va ir mejor a su libro, mientras todo sea de manera clara y legal.

Muchas veces el editor es el primero en leer un manuscrito. ¿Cómo manejas ese primer vínculo?

Es emocionante tener un nuevo libro entre manos, y más aún si es bueno y de un autor que nadie conoce. Plantearse, como editor, toda una serie de estrategias para que llegue al lector de la mejor manera. En ese transcurso uno se pone casi como lector. Pero cuando llega el momento de presentarlo al consejo editorial, hay que dejar un poco de lado esa emoción y saber defenderlo en términos editoriales. De todas maneras uno piensa: «¡Qué paja tener esta oportunidad!».

¿Cuál crees que es el principal rol de los libros en la sociedad?

La lectura es una actividad que traspasa el espacio íntimo e incide en el actuar diario de la mayoría de las personas; construye un mejor ciudadano y, por lo tanto, sociedades más equilibradas. Pero esto tiene que ver con el acceso que tenemos al libro. Es necesario contar con una red de librerías para que el ciudadano común pueda ver al libro como parte natural de su día, y no como algo ajeno. Esto va de la mano con políticas públicas de bibliotecas. Ni los políticos ni los funcionarios se dan cuenta todavía de que las industrias culturales están por encima de la misma industria, es decir, más allá de lo económico.

 

Después de este tiempo, ¿crees que este animal de invierno ha encontrado su primavera?

No lo sé, pero el campo editorial todavía me parece un ambiente inhóspito. Siempre hay una sensación constante de incertidumbre. Recuerdo que en una conversación que tuve con Pilar Reyes —editora de Alfaguara— y con Felipe Rosete —editor de Sexto Piso— en la Feria de Libro de Lima, les transmití esa inquietud. Quería saber qué vendría luego, si después de todo uno podría encontrar tranquilidad. Ellos coincidieron en lo mismo: ¡No! Eso no llega ni a una trasnacional ni para aquellas editoriales más pequeñas que llevan años haciendo una impresionante labor. Al final me quedé con la sensación de que quizá no logre conocer esa tranquilidad, ese solaz. Pero, de otro lado, siento que todo se vuelve aún más emocionante.

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