Los crisolines saldrán del mercado sin despedirse

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La editorial Aguilar, editora de los crisolines, pequeños libro-objeto editados desde 1946, dejará pronto de producirlos. Al preguntar la razón, un representante de la empresa se limita a explicar que se trata de “motivos editoriales”. No se llega a especificar cuáles son estos.

El libro-objeto es un pequeño artilugio que permite tanto leer el libro como conservarlo de adorno. Esto hace más fácil comprender el amor que muchos tienen por estos pequeños libros de 6,5 por 8 centímetros que han sido publicados una o a veces dos veces al año. Para algunas familias son también una tradición que pasa de padres a hijos, así como parte de una colección.

Las librerías que los han ofrecido durante tantos años le reprochan que hayan cerrado la colección de una manera tan abrupta, sin siquiera una última entrega. “Esta colección realmente es una tradición familiar. Que ha pasado por generaciones… Los clientes me enseñan fotografías de cómo los colocan en casa. Una mujer me decía: ‘Fíjate, hace cuatro o cinco años encargamos que nos hicieran un módulo para el mueble para seguir colocándolos y ahora ¿qué voy a hacer?’”, cuenta María José Blas Ruiz, de la librería del Prado en Madrid. Esta librería es muy conocedora de la colección, no solo porque los ha vendido durante muchos años sino porque su propia familia ha coleccionado estos pequeños libros dese toda la vida. Además, María José es autora del libro Aguilar. Historia de una editorial y de sus colecciones en papel biblia. 1923-1986.

El primer crisolín nació como un detalle cariñoso para los clientes, libreros, colaboradores y amigos. Este contenía Amor e historia del libro, de Ricardo de Bury, y Negro sobre blanco, de M. Ilin. El éxito fue tan rotundo que se agotó en pocos días. Desde aquélla primera edición de 1946 a la fecha, se ha criticado la elección de algún autor, el título o el material, pero nunca han dejado de comprarlos para continuar su colección. Es posible, también, que el precio aumente. En algún momento se ha llegado a pagar hasta 2 mil euros por los más antiguos y raros.